"Dos pájaros de un tiro", la Tierra y los derechos humanos están en juego.

Debemos aumentar la presión sobre los altos cargos políticos para conseguir que la naturaleza sea más valorada y que los impactos del ser humano sobre este planeta sean lo suficientemente positivos como para permitirnos afrontar el futuro con éxito.






Los impactos negativos de las actividades humanas sobre la tierra vienen dados, en primera instancia, por responder a los intereses de las élites económicas y políticas. Luego la responsabilidad máxima radica en estas. Son ellas las que definen el sistema de relaciones y modos de producción, son las que se inclinan por extractivismos sin control que destruyen la naturaleza en aras del beneficio económico; son las que dan permanente cobertura a las actuaciones de las trasnacionales para que maximicen sus beneficios. Son las que condicionan las decisiones políticas que podrían atajar la situación. Son, en definitiva, quienes imponen un sistema que nos lleva a la crisis climática, de derechos y a la civilizatoria.


De hecho, la defensa a ultranza de esos intereses es la razón primera por la que no se afrontan verdaderas medidas que enderecen un caminar torcido que nos lleva al desastre. Cierto es que se plantean continuas campañas y llamados a la responsabilidad colectiva y cierto es que la sociedad, en gran medida, responde a las mismas desde la creciente concienciación de que todos y todas debemos poner el granito de arena en esta lucha desigual.



Cierto es que muchos de esos llamados se nos lanzan desde los escenarios locales e internacionales más importantes, tratando con ello de plantear una visión local y global en la necesidad de intervenir. Pero cierto es, también, que día a día comprobamos que no se toman las medidas realmente importantes, aquellas que en verdad pueden paliar la crisis; comprobamos así que los llamados de las grandes conferencias internacionales se quedan, en la mayoría de las ocasiones, en llamados y la realidad es que la crisis se agudiza.

Y lo repetimos: todo ello tiene que ver con el hecho de que las élites económicas y políticas están cómodas en este sistema y, salvo pequeños retoques verdes, no están dispuestas a su transformación, pues esto supondría la pérdida de sus privilegios. Prácticamente nadie cuestiona hoy el hecho de que es el sistema dominante, el capitalismo desaforado, que solo piensa en la búsqueda del máximo de beneficios al precio que sea, lo que incluye al precio de destruir la naturaleza, el responsable de la crisis climática que ya vivimos.



 "El daño ya está hecho y es irreversible, pero podemos hacer que dicho impacto no sea tan agresivo con nuestras acciones a partir de hoy"

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